Nunca dejaré de preguntarme si mi luz te ilumina tanto como tu luz me ilumina a mí. Si me sueñas tanto como yo te sueño. Si me piensas tanto como yo a ti te pienso.
Mis cicatrices no son una elección, son un dulce y triste recordatorio de aquello que quizo matarme, pero solamente me hirió.
Tal vez, si entendiéramos que el amor no va acompañado de dolor, dejaríamos de aferrarnos tanto a las espinas de una rosa.
Estoy acostumbrada a no ser prioridad en la vida de nadie y si me demuestras mucho amor voy a sentir que es mentira.
¡Enhorabuena!
Ni la mujer que fui contigo ni el amor que te ofrendé, existen ya -por fortuna-
Buen trabajo.
El mérito es todo tuyo, amor.